¿Realmente sabemos qué estamos autorizando cuando aceptamos los Términos y Condiciones de una aplicación o de un programa que estamos instalando en nuestros dispositivos móviles? Sabemos que la mayoría de las aplicaciones móviles, con los permisos adecuados, pueden acceder a mucha información almacenada en nuestros dispositivos (fotos, ubicación, almacenamiento interno, lista de contactos, etc.).

Algunos estudios afirman que, en un futuro cercano, toda nuestra información privada podrá estar disponible y al alcance de todos en Internet.

Nos deberíamos replantear qué tan privados son nuestros datos que circulan en Internet. Es claro que la información que brindamos a través de todas las redes sociales o de los sistemas de comunicación permite al resto de los usuarios obtener muchos datos sobre nosotros, sobre quiénes somos o qué es lo que hacemos y pensamos. 

¿Y esto cómo es posible? La respuesta en muy fácil: hemos aceptado que así sea desde el momento que autorizamos a que así sea. En general, no leemos la letra chica de un contrato, ¿cierto?

Pero no solamente nosotros somos culpables de hacer pública nuestra información por voluntad propia, sino que generalmente suelen ser nuestros conocidos y/o contactos quienes también lo hacen- y muchas veces sin permiso- haciendo público un contenido no autorizado.

Algunos estudios llevados a cabo en los últimos años por profesionales que analizan el comportamiento dinámico de las redes, coinciden en que cerca del año 2025 nuestra privacidad se habrá acabado definitivamente y que no podremos evitar que nuestra información y datos personales puedan ser públicos, a partir de la naturaleza pública de Internet. 

En la actualidad, existe una cantidad inconmensurable de información personal almacenada en intrincadas redes de servidores a nivel mundial, la cual genera y actualiza constantemente el perfil de cada persona, gracias a la inteligencia artificial. Lo que comemos, compramos, lo que nos gusta, lo que nos asusta, etc., absolutamente todo, está detallado con nombre y apellido.

A partir de un análisis sencillo acerca del propósito de las redes sociales, más allá del uso que cualquiera de nosotros les demos, advertimos que todas ellas se basan en tres principios: mantener al usuario ligado a la pantalla por la mayor cantidad de tiempo posible; extraer, almacenar y analizar datos sobre su comportamiento; brindar la oportunidad a los empresas de poder orientar sus anuncios de venta al público target aprovechando el conocmiento que obtienen de nuestra actividad en las redes y que les permite conocer los gustos de cada uno. Allí entendemos que, si bien las redes sociales representan un avance tecnológico, no hay nada de inocente o inocuo en el uso de las mismas.   

En la actualidad no somos conscientes de que los datos son el preciado tesoro que los grandes operadores de redes están empezando a explotar sin que el usuario sea consciente, inclusive de su rentabilidad.

Google sabe a qué hora vas o vuelves del trabajo, dónde has estado y con quién; si has comprado un café o un libro, si usas tal o cual vehículo y qué vas a cenar, dónde y con quién. De esa forma las grandes empresas diseñan inteligentemente el tipo de publicidad adecuado a cada perfil, de acuerdo a sus gustos y necesidades.

¿Y cómo es posible que se sepa tanto de uno mismo? Muy fácil, analicemos nuevamente qué clase de información online hacemos accesible cada vez que abrimos el teléfono o la computadora.

Ahora bien, en prácticamente todos los países existe una “Ley de Protección de Datos Personales”. En nuestro caso la Argentina, se trata de la Ley N° 25.326, aprobada hace exactamente 20 años! (en octubre del año 2000).

Entendemos que los países deberían trabajar de manera urgente en una nueva legislación que adapte su enfoque a la nueva realidad y amplíe no solo el espectro de protección de datos, sino que regule de manera más efectiva el uso de los mismos que se hace en las redes sociales y en internet en general.

Inclusive, la aparición y desarrollo de nuevos y más complejos crímenes “digitales” hace absolutamente necesario una actualización en concordancia con todos los lineamientos jurídicos en materia penal, tanto a nivel local, como regional e internacional. 

Un tema preocupante mirando hacia el futuro es la vulnerabilidad latente que poseen las generaciones jóvenes en este sentido.

Los adolescentes son usuarios más activos de las redes sociales y en general, no reflexionan acerca del concepto de privacidad en el mundo digital. Muchas veces la línea que divide lo privado de lo público es quasi inexistente para ellos: si no lo han publicado es porque aún no lo han vivido.

Debemos entender que necesitamos bregar por una mayor protección de nuestros datos personales para seguir contando con un valor no solo individual sino colectivo como sociedad, que preserve el derecho a la privacidad.  

Para más información contáctenos en www.g5integritas.com o contáctenos por email a [email protected] o por teléfono a +5411 5353 9459.

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