La realidad actual nos presenta un mundo interconectado con multiplicidad de medios y formas de información. Cualquier persona que diariamente haga el ejercicio de informarse sobre el acontecer local, regional y mundial, notará que hay una gran cantidad de actos ilícitos que involucran a empresas, llegan a las primeras planas. 

Además, se percibe una mayor receptividad de la sociedad respecto del rechazo de algunas conductas que hasta hace poco tiempo, eran aceptadas -o como mínimo- toleradas, en relación a corrupción, conflictos de interés, concursos de precios con irregularidades. Seguramente esos, son hechos que a todos nos resultan conocidos. 

En este contexto, para las empresas, el hecho de contar con un programa de integridad, resulta de vital importancia ya que la presencia del mismo, así como la demostración de su robustez y aplicación en todos los ámbitos de negocios puede contribuir a prevenir y -en muchos casos- evitar la ocurrencia de actos ilícitos, así como también la remediación de daños o la mitigación de su impacto. Además, pueden evitar multas que van de 2 a 5 veces el beneficio indebido, suspensión para participar en concursos o licitaciones estatales, o hasta la disolución de la empresa.

Efectivamente, desde marzo 2018 entró en vigencia la Ley 27.401 de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas en nuestro país. 

Esta ley, reconoce la existencia de un Programa de Integridad adecuado, como defensa para minimizar o evitar penalidades a la empresa. Y los define como el conjunto de acciones, mecanismos y procedimientos internos de promoción de la integridad, supervisión y control, orientados a prevenir, detectar y corregir irregularidades y actos ilícitos. A su vez, la ley exige que el programa de integridad guarde relación con los riesgos que resulten propios de la actividad de cada empresa. 

Respecto de los elementos necesarios del Programa de Integridad, la ley establece que debe contener al menos: 

  • Un Código de Ética o Conducta.
  • Reglas y Procedimientos específicos para concursos y licitaciones, contratos administrativos y otras interacciones con el sector público.
  • Realización de capacitaciones periódicas al personal de la empresa. 

Pero la ley 27.401 no se detiene ahí en cuanto a sus expectativas de composición de un Programa de Integridad, sino que detalla otra serie de elementos, no obligatorios, pero que sí pueden contribuir con determinación tanto a la prevención de actos ilícitos, sino además también a la mitigación de los daños emergentes y la disminución de las eventuales penalidades, si los hechos ocurrieran. 

Entre ellos:

  • Análisis periódico de Riesgos: conocer cuáles son los posibles riesgos a los que esta expuesta la organización, es el primer paso a dar para tratar de evitarlos. 
  • Apoyo claro de la alta dirección de la empresa: sin un discurso claro y favorecedor de una cultura ética por parte de las autoridades de la empresa, el programa de integridad no tendría sentido. 
  • Canales internos de denuncias, debidamente difundidos y abiertos a terceros: estos canales son un elemento muy importante del Programa de Integridad, ya que la mayor parte de las violaciones a la normativa o políticas de una empresa, son conocidos a través de denuncias. 
  • Protección a los denunciantes contra represalias: para que el canal de denuncias pueda cumplir con su función, es necesario que los posibles denunciantes se sientan protegidos ante las posibles implicancias de los hechos a denunciar.
  • Sistema de investigación interna que imponga sanciones: esto servirá para demostrar la seriedad del programa de integridad, a través de la realización de investigaciones completas que permitan, con diversa evidencia legitima, aplicar sanciones contra los sujetos involucrados, las que podrían llegar incluso al despido.  
  • Procedimientos para comprobar la integridad y la trayectoria de terceros relacionados con la empresa: muchos de los negocios que las empresas realizan hoy, se hacen a través de asociaciones temporales, por proyectos, o través de proveedores. Por esto es importante conocer con quién se está relacionando la empresa, cuáles son sus antecedentes, cuál es su apetito de riesgo. 

La presencia de este conjunto de elementos, -o la mayor cantidad posible de ellos- servirá para la eventual demostración por parte de la compañía, de sus acciones e interés en prevenir la comisión de delitos por parte de las personas relacionadas a ella. 

Además de estas ventajas, el Programa de Integridad es una oportunidad para las empresas de crear una reputación de integridad interna y externa sólida.  

Internamente hacia la organización, el crear una cultura de integridad influye directamente generando el buen comportamiento y motivación de los empleados para hacer lo correcto.  

Externamente, hacia el público y la sociedad, una reputación de integridad conlleva la posibilidad de ser elegido como proveedor o cliente preferencial.  Hoy, la imagen y reputación de una empresa tienen cada vez más peso en la decisión de negocio para empresas multinacionales y el Estado, como la de compra del consumidor.

No hay, por lo tanto, dudas respecto de que sea buen negocio para las empresas contar con un Programa de Integridad ya que les permite cumplir y contar con protección ante la Ley, como también obtener ventajas comerciales de competitividad.  

Desde G5 Integritas podemos asistirle en el diseño e implementación de un Programa de Integridad, sea su empresa grande, mediana o pequeña, basado en una adecuada evaluación de riesgos y “a la medida de sus necesidades”. 

Los invitamos a contactarnos escribiéndonos a: [email protected] o visitando nuestro sitio web en www.g5integritaslatam.com

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