Cuando en una organización ocurre un fraude, sabemos que: cuanto más prontamente se detecte, menor será el perjuicio resultante. Y también sabemos que las denuncias son una de las herramientas más efectivas para detectar fraudes. El informe anual de la Asociación de Examinadores de Fraude Certificados (ACFE) 2020[1] nos muestra que casi el 50% de los casos de fraude detectados en organizaciones en todo el mundo se ha debido a denuncias recibidas en el canal interno.

Por esto, los programas de compliance eficientes procuran contar con un canal de denuncias que sea conocido y abierto no solo para todos los integrantes de la organización sino también para terceras partes. Además, ofrecen a los denunciantes confidencialidad y protección contra represalias.

Los reguladores analizan en particular el funcionamiento efectivo del canal de denuncias interno como uno de los elementos para evaluar la efectividad de un programa de compliance.

Tanta relevancia puesta en los canales de denuncia nos lleva a pensar en los denunciantes o whistleblowers, pues para que el sistema funcione, se requiere que aquellos individuos que tengan conocimiento de la ocurrencia de un fraude, lo denuncien. Idealmente, se requiere que todo aquel que conozca o sospeche de buena fe que se está cometiendo un fraude, lo denuncie inmediatamente y lo denuncie en toda ocasión

Y es aquí donde las organizaciones enfrentan algunos escollos, pues no todos los fraudes son denunciados.

En algunas culturas, denunciar un hecho incorrecto puede brindar una apariencia de carácter negativo: el denunciante es visto como un “soplón”, alguien que quiebra las reglas de la solidaridad. Alguien que entrega a sus compañeros.

Cierto es que como seres sociales que somos, nos importa pertenecer. Pertenecer a un grupo ha sido una de las cuestiones fundamentales para nuestra supervivencia: nos permitió defendernos mejor de las amenazas de nuestro entorno y nos permitió construir y producir mejor y llegar más lejos.

Pero ¿qué ocurre cuando en nuestro grupo vemos que alguien está haciendo algo incorrecto? Nuestro deseo de pertenecer y proteger al grupo al que pertenecemos puede colisionar con nuestros valores morales o incluso a veces -como en el caso de los funcionarios públicos cuando toman conocimiento de la ocurrencia de un delito en el ejercicio de sus funciones- con aquello que nos es legalmente exigido.

Quien denuncia, arriesga mucho. Arriesga el vínculo de pertenencia al grupo, arriesga socialmente ser considerado un “soplón”. Dependiendo de la organización donde esté, puede estar -poniendo en riesgo su posibilidad de crecimiento profesional, o directamente arriesgándose a perder su trabajo. En algunos casos los denunciantes se arriesgan a sufrir menoscabos a su integridad física o incluso perder su vida o la de algún familiar.

La confidencialidad y la protección anti represalias que ofrecen los programas de compliance a los denunciantes son importantes. Pero ¿son suficientes? ¿Son suficientes para dotar de mayor eficacia a la herramienta más valiosa con la que hoy contamos para detectar fraudes, la denuncia interna? ¿O podemos pensar en generar más incentivos a fin de que más individuos denuncien los fraudes que están ocurriendo? 

Algunas experiencias internacionales nos muestran que se puede ir más allá de la confidencialidad y la protección contra represalias, y se puede ofrecer una recompensa a los denunciantes: una recompensa en la medida en que la información aportada contribuya efectivamente al esclarecimiento del fraude denunciado.

La Division of Enforcement de la SEC en su reciente informe anual[2] indica que durante el año 2020 ha marcado un récord en su Programa de Denunciantes y ha premiado a 39 individuos a los que otorgó recompensas por un monto total aproximado de USD 175 millones.

De acuerdo a lo informado, los denunciantes -que han sido tanto internos como externos a las organizaciones- contribuyeron:

* Proveyendo información crítica y evidencias que permitieron a la SEC ahorrar tiempo y recursos

* Proveyendo asistencia extensa y constante en la investigación

* Proveyendo información detallada y ayudando a los investigadores a entender documentos clave e        identificar testigos

* Realizando denuncias que han sido los disparadores de las investigaciones.

La SEC viene recompensando denunciantes desde el año 2012. Desde esa fecha y hasta el presente, ha pagado USD 562 millones en recompensas a 106 individuos. Y no sólo ello, uno de sus objetivos para el 2020 ha sido acelerar la evaluación de las denuncias, incrementando las ratios de evaluación de las denuncias recibidas por parte de whistleblowers y su recompensa.

La recompensa de whistleblowers puede ser una herramienta interesante y útil a tener en cuenta a la hora de pensar en eficientizar un programa de compliance corporativo. Por supuesto, su viabilidad dependerá de varios factores, entre ellos, el marco legal de la jurisdicción donde se opere.

Si se encuentran interesados en eficientizar el funcionamiento del canal de denuncias, los invitamos a contactarnos a: [email protected]

Desde G5 Integritas podemos ayudarle en el diseño, implementación y eficientización del canal de denuncias interno de la organización. www.g5integritas.com


[1] https://www.acfe.com/report-to-the-nations/2020/

[2] https://www.sec.gov/files/enforcement-annual-report-2020.pdf

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